lunes, 12 de noviembre de 2012
Lluvia
Hace no demasiado alguien me contaba que las cosas importantes siempre le ocurrían en días de lluvia.
Desde ese día no ha parado de llover. Y, la verdad, no me importa, porque creo que es algo contagioso.
Empecé a darme cuenta de mi nueva enfermedad cuando salí a la calle, y entre una lluvia torrencial sentía que apenas me mojaba... Encontré techos en los que refugiarme en todo momento. Las sospechas se hicieron mucho más grandes cuando noté que no había pisado una sola de esas losas que te empapan el pantalón entero sólo con poner un pie encima (he de reconocer que tengo querencia a ellas).
Comencé entonces a toparme contigo entre gotas,
aparecías reflejada en todos los charcos,
me sentí un poco George Brassens, sin ganas ningunas de que acabara esta tormenta.
Sigue lloviendo, y mi suerte se acaba de confirmar, me acabas de llamar, vienes ya para casa (y sabes que no esperaba verte hoy)...
Si las cosas importantes siempre nos van a ocurrir los días de lluvia, déjame que cierre el paraguas, abrázate a mí y empapémonos de lo que la vida nos depare...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario