De la
innombrable esencia de tu cuerpo
recuerdo no más
que tu ausencia,
no más que tu
irremediable ausencia.
Se perdieron
las noches en que hice
(casi como
Feuerbach)
de tu sexo mi
única religión.
Se perdió el
sueño de pensar
que eras tú la
que volaba;
el sueño de
volar cada día
noche
contigo.
Bueno,
se perdieron en
general todos los sueños,
pero queda ahí,
y para siempre,
tu irremediable
ausencia.
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