Tu sitio en la cama (porque aunque no lo hayas usado nunca para mí ya es tuyo) estaba otra vez vacío... y aunque me he abrazado durante toda la noche a la almohada como si estuvieras muy pegadita a mí, al despertar seguía solo, y no, no ha sido lo mismo.
Te has despertado, seguramente, con agujetas, porque no has parado de dar vueltas por mis sueños, aparecer y desaparecer de ellos, me has dejado que te encuentre en los lugares más recónditos, en un dormitorio que se convertía en un acantilado, y en un acantilado que se convertía en un dormitorio... Como onironautas navegando juntos por un mundo absurdo (casi tan absurdo como éste cuando no estás a mi lado).
Tu sitio en la cama (que aunque no huele a ti, y ni siquiera te conoce, para mí sólo tiene tu nombre) estaba, como todas las mañanas, frío... quiero quitar tus pelos de la almohada al hacer la cama, pero tu almohada sigue virgen, y esperándote...
No veo el momento de despertarme una mañana y no tener que escribir esto, sino susurrarte al oído, y que ese pelo que nunca está en la almohada, se quede pegado a mis labios.
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